Escrito por Lluis
el 2.12.08 a las 09:05. 
Normalmente, se suele afirmar que la popularidad del gobierno está estrechamente ligada a la salud de la economía. Cuando las condiciones económicas son buenas, los ciudadanos suelen apoyar a sus gobernantes y cuando éstas se vuelven adversas el apoyo al gobierno también se deteriora. Sin embargo, la actual crisis parece algo distinta: no todos los gobiernos europeos han visto a sus opiniones públicas darles la espalda. En realidad, la crisis ha ofrecido a los estadistas más hábiles una excepcional oportunidad para obtener réditos políticos de ella. Las principales economías mundiales no han reparado en gastos para escenificar una respuesta coordinada a un problema que, según se nos ha presentado, parece haber caído del mismísimo cielo. Con flamantes cumbres y numerosas declaraciones y fotos conjuntas, los gobernantes han transmitido a sus respectivos electorados que la crisis no deriva de la mala gestión de sus gobiernos sino de causas fuera de su control. Ante este escenario, los ciudadanos no han juzgado a sus gobernantes por los pésimos resultados económicos de los últimos meses sino por su capacidad de reacción. Vean dos ejemplos opuestos.
Un hábil Gordon Brown…Gordon Brown encarna el líder que ha sabido reaccionar de forma acertada. La crisis parece haber ayudado al primer ministro británico a salir del profundísimo coma político en el que se encontraba. Poco importa que Brown haya sido responsable de las finanzas británicas durante la última década. Su mayor celeridad y acierto en comparación con sus homólogos europeos y americanos a la hora de rescatar sus entidades financieras, le ha valido tanto el reconocimiento internacional como el de dentro de su país. Desde entonces Brown ha conseguido reflotar su popularidad: si en abril de este año sólo un 17 por ciento de los británicos aprobaba la tarea de Gordon Brown frente al gobierno, en la actualidad este porcentaje ha ascendido hasta el 41 por ciento (datos de YouGov). Su reacción ante la crisis le ha servido para reducir la enorme ventaja de la que gozaban los conservadores, quienes han visto como ésta se reducía de 28 puntos en verano a apenas 3 puntos en la actualidad (datos de Ipsos-Mori).
… y un Zapatero poco acertado En la otra cara de la moneda encontramos a nuestro presidente del gobierno. Su inicial obstinación por negar las dificultades económicas de nuestro país le ha obligado a ir a remolque de la situación. Su liderazgo se ha visto resentido y ha
agotado la extraordinaria reputación de su vice-presidente económico, Pedro Solbes. Así, en los últimos meses la popularidad del gobierno de Zapatero ha seguido una tendencia inversa a la de su homólogo británico. Si bien antes del verano gozaba de en torno al 35 por ciento de españoles satisfechos con su gobierno, en octubre este porcentaje apenas alcanzaba el 20 por ciento. Además, según las estimaciones del CIS, en los pocos meses que lleva de legislatura, el PSOE parece haber perdido por completo su ventaja sobre el PP en intención de voto.
Así, la actual crisis ha representado un inesperado examen para evaluar la capacidad de reacción de los políticos de diferentes lares. En esta ocasión, Zapatero no ha obtenido buena nota, pero la legislatura es aún muy joven.
Lluis- Adn.es
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Escrito por Lluis
el 17.8.07 a las 12:50. 
Hace unos meses, en el post
"27 junio. El fin de la era Blair" repasábamos con series temporales la evolución de la popularidad de Tony Blair desde que se convirtió en líder de su partido. En la entrada analizábamos los 4 momentos estelares de su mandato y como la guerra de Irak representaba su declive. La decadencia del gobierno Blair fue muy bien aprovechada por un joven conservador llamado David Cameron. Sus atributos como buen líder sólo destacaban por la triste comparación con los pésimos líderes que le precedían en el partido desde la caída de Margaret Thatcher. Pero fue suficiente para convencer a los críticos del partido e ilusionar a los suyos (lo cual tampoco costaba tanto, pues esperaban con incontenido deseo algo mínimamente potable). El "
efecto Cameron" se tradujo en el aumento de la intención de voto del partido conservador hasta superar por primera vez en lustros a los laboristas.
gráfico: intención de voto (%) según Ipsos MORI
Pero aunque pese a algunos Blair ya es historia y ahora es Gordon Brown el responsable de la suerte del gobierno laborista. En esta Moqueta nos hemos preguntado en numerosas ocasiones cual sería la magnitud del efecto Brown. Pues bien: ya tenemos resultados de dos meses que confirman una tendencia clara: los laboristas, con Brown a la cabeza, recuperan posiciones y lideran las encuestas. Es más, Brown ha conseguido este mes la mejor intención de voto de lo que va de legislatura según el instituto Ipsos MORI. La distancia entre ambos partidos es ahora de unos seis puntos a favor de los laboristas.
También es interesante medir el efecto Brown por medio de la valoración de los líderes. En el gráfico de abajo se muestra el porcentaje de aceptación (% gente satisfecha) de Cameron, Blair y Brown. Es curioso ver como la popularidad de Blair mejora en sus últimos meses, como si el electorado ya le diera un poco de pena hablar mal de los muertos. En todo caso, lo más destacable es el fuerte aumento de la popularidad del líder laborista una vez asumido por Brown. Éste gana a su predecesor pro seis puntos porcentuales y al lider de la oposición por cinco.
Gráfico: % satisfacción con los líderes políticos, Ipsos MORI
El "efecto Brown" ha sido considerable y ha dado un alivio a los Laboristas más pesimistas. Aún falta, pero, para las elecciones. La Moqueta seguirá atentamente los pasos del nuevo Primer Ministro. Seguiremos informando.
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