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Uruguay: Anatomía de una Reforma Perfecta

Durante el último siglo y medio, Uruguay ha sido la hacienda particular del Partido Colorado y el Partido Nacional. Pero tras la victoria de Tabaré Vázquez en las presidenciales de 2005, la coalición de izquierda Frente Amplio tomó el poder con una muy esperada agenda redistributiva.

Una de las primeras prioridades del nuevo gabinete era aprobar una reforma fiscal más equitativa. En Uruguay, como es habitualmente el caso de otros países pequeños, la igualdad es un valor que puntúa alto en las encuestas. Y también está altamente altamente correlacionada con satisfacción con la democracia en la región. Es cierto que los niveles de pobreza y de desigualdad (0,45) en Uruguay son los más bajos de América Latina, pero la larga tradición corporatista del país, restructurada por la apertura comercial y la liberalización de capitales sucedida en los noventa, han remarcado una distribución bastante injusta de la carga fiscal, que descansa sobre todo en los hombros de los trabajadores [formales] y los bolsillos de los hogares pobres.

Misma presión fiscal, pero una distribución del ingreso más equitativa

El gobierno de Tabare quería incrementar la igualdad vertical y horizontal del sistema fiscal, y para ese fin debía reducir los altos impuestos al consumo -que afectan principalmente a los pobres- y aumentar el peso y progresividad de los impuestos a la renta.
  • El impuesto a la renta se hizo más progresivo y aumentó para los más ricos, especialmente el 10% más rico, que vió un incremento del 150% comparado con el sistema previo:


  • Los impuestos al consumo se redujeron para todo el mundo, especialmente los más pobres, dado que consumen casi todo su ingreso:

  • La presión fiscal se hizo más justa, más eficiente, menos distorsionadora en la economía, y más parecida a europa (con una equilibrada mezcla de impuestos directos e indirectos). La desigualdad y niveles de pobreza tras impuestos se redujeron ligeramente -especialmente al hacer los productos básicos más asequibles con la bajada del IVA-, pero además el nuevo sistema fiscal proporciona a futuros gobiernos con las herramientas adecuadas para aumentar los ingresos si desean expandir las políticas sociales (o el ejército, claro). Es cierto que la desigualdad se combate mejor a través del gasto social que de los impuestos --pero siempre necesitarás tener el dinero primero:

La reforma hizo patente el equema de ganadores y perdedores: los empresarios protestaron, y los grupos más afectados se manifestaron, principalmente doctores, abogados y otras profesiones liberales bien remuneradas, que caen en el 10% más rico. Pero de nuevo, el sentido prevalente de que la igualdad era un valor social que Uruguay debía perseguir mitigó su resistencia -probablemente la historia sería muy diferente en EEUU-, y ésto se añadía a las contramedidas de gasto frente a esta reforma fiscal: una mejora general en la calidad de los servicios públicos, especialmente de salud universal.

Bravo, Tabaré.

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